
Llevamos las buenas nuevas a las calles
Jesús no esperó a que la gente viniera a Él. Él fue a ellos. Por eso nosotros también salimos, a las calles de los barrios, a las banquetas y a los estacionamientos, para compartir las buenas nuevas de Jesús con quien encontremos.
Por qué salimos
Cuando Jesús miraba a las multitudes, no veía a extraños. Veía a personas cansadas y solas, y su corazón se llenaba de compasión por ellas.
Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
Muchas personas a nuestro alrededor cargan pesos muy grandes y no tienen a quién acudir. Algunas nunca han entrado a una iglesia, y otras se alejaron hace mucho tiempo. Salimos porque a Jesús le importa cada una de ellas, y a nosotros también.

Jesús nos envió
Salir no fue idea nuestra. Antes de volver al cielo, Jesús dio a sus seguidores un mandato claro, y sigue siendo nuestro hoy.
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Jesús también contó la historia de una gran cena. Cuando los invitados no llegaron, el anfitrión envió a su siervo a los caminos para traer a todos los que encontrara.
Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.
No obligamos a nadie. Invitamos con amor y dejamos lo demás en las manos de Dios.

Para que todos puedan oír
Nadie puede creer un mensaje que nunca ha oído. Por eso se lo llevamos. Cantamos, predicamos y repartimos pequeños folletos impresos que hablan de Jesús.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!


Una conversación a la vez
No todo sucede con un micrófono. Mucho de lo que hacemos es simplemente detenernos a platicar con alguien: escuchar su historia y contarle lo que Jesús ha hecho en nuestra vida.
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Cada persona le importa a Dios. En el cielo hay gozo por una sola persona que vuelve a Él.
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Oramos con las personas
Cuando alguien nos cuenta lo que está viviendo, le ofrecemos orar con él ahí mismo, en la banqueta o en la calle. Ninguna carga es demasiado grande ni demasiado pequeña para llevarla a Dios.
Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Háblanos
Si quieres platicar, o quieres que alguien ore contigo, escríbenos. Siempre eres bienvenido a visitarnos en cualquiera de nuestras dos iglesias.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Reina-Valera 1960® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Énfasis añadido.